Productos ecológicos vs. transgénicos: debate abierto


Conforme la conciencia sostenible y las tendencias de consumo orgánico ganan en importancia, el debate que enfrenta a la agricultura ecológica con la que se basa en modificaciones genéticas de los cultivos, sigue más abierto que nunca. Productos ecológicos vs. transgénicos no es un dilema fácil de solventar y presenta no pocas aristas abiertas a interpretaciones que conviene tener en cuenta. Si nos permitís ponernos un poquito más serios que de costumbre, vamos a adentrarnos hoy en este tema.

En primer lugar, sería necesario definir cada uno de estos conceptos, para no caer en tópicos y malentendidos. Por un lado, los productos de origen ecológico son aquellos cuyo cultivo se basa en valores sostenibles y el principio de que los recursos son finitos y la sobreexplotación puede acabar con ellos. Este modelo parte de la estabilidad que supone una producción bajo un conjunto de condiciones agroambientales y socioeconómicas y culturales determinadas, con la que se busca una productividad sostenible sin renunciar a rendimientos aceptables, tanto en cantidad como calidad.

Estas condiciones implican, por ejemplo, la no utilización de productos químicos de síntesis, el cuidado del suelo como un ser vivo más, como un sistema completo, la adaptación de los cultivos al medio (y no al revés) o el empleo de métodos naturales de control de adventicias y plagas. Pero también la premisa, como variable social, de mantener ciertos niveles óptimos de bienestar en el medio rural-urbano y unos valores éticos y filosóficos concretos. En resumen, se trata de una alternativa a la agricultura tradicional para obtener verduras y hortalizas limpias, nutritivas y saludables de la forma más natural (esto es, con menor intervención “industrial” posible).

Por otro lado, el modelo de agricultura transgénica surge después de la Segunda Guerra Mundial bajo la premisa fundamental de la obtención de alimentos a gran escala empleando productos químicos de síntesis, maquinaria y modificaciones genéticas en las semillas. Los alimentos transgénicos son, pues, aquellos producidos a partir de una semilla modificada mediante ingeniería genética y a la que se han incorporado genes de otro organismo para lograr las características deseadas en el cultivo: forma, color, resistencia del cultivo, durabilidad tras la cosecha, etc.

La transgenia, en el fondo, no es algo nuevo. La modificación humana en la agricultura es evidente desde sus orígenes, desde el momento en que domesticó algunas especies dando origen a las variedades actuales. La transgenia ha existido siempre: lo que llamamos cultivo es básicamente una planta cultivada y modificada genéticamente a favor de las necesidades del hombre y que no existía previamente en la naturaleza. La novedad, lógicamente, es el modelo industrial y la profundidad a la que hoy en día se puede intervenir genéticamente un cultivo: se están realizando incluso transferencias genéticas entre reinos (pez-planta, hongo-animal, etc.), siendo este tipo de prácticas las más cuestionadas y las que despiertan mayores interrogantes sobre el posible efecto que pudieran tener sobre la salud humana.

Ni el modelo ecológico tiene por qué ser un modelo antieconómico – como se le critica a menudo – ni el transgénico es, como vemos, un invento del siglo XX y la economía de masas. El dilema está planteado y la dimensión tanto científica como ética del mismo es evidente. No obstante, muchos científicos y expertos, con eminencias como Ana Primavesi a la cabeza, viene planteando que no es posible garantizar la producción de alimentos mediante un modelo continuista del agrícola industrial. Muchos países, de hecho, comienzan a financiar de manera pública e institucional modelos de producción ecológicos, dando más peso a la local y la economía de proximidad, buscando poner en práctica el concepto de producto “kilómetro cero” (cero emisiones en la producción y distribución). E intentando limitar una agricultura convencional basada en la producción masiva con una calidad ambiental, nutricional y ética crecientemente cuestionable.

Nosotros, aquí en Huertos Montemadrid, ponemos en práctica esa forma de entender la agricultura desde la ecología y la proximidad, buscando no solo la producción de alimentos sino también que esta se convierta, a su vez, en un vehículo de socialización, ocio e intercambio de valores y conocimientos. ¿Te apuntas?