Entendiendo la seguridad y la soberanía alimentarias


Los conceptos de soberanía y seguridad alimentaria vienen escuchándose y leyéndose mucho (de nuevo) en los últimos tiempos y queremos  explicar de dónde provienen y cuál es su importancia exacta en el desarrollo de proyectos como el nuestro, Huertos Montemadrid.

El término “seguridad alimentaria” hace referencia a la garantía de que todos los ciudadanos de una región o todos los miembros de un hogar disponen de forma sostenida de alimentos en suficiente cantidad y calidad para suplir sus necesidades. Por su parte, el concepto de “soberanía alimentaria”, que es la capacidad de una comunidad para marcar sus propias políticas agroalimentarias en base a objetivos sostenibles (y de seguridad alimentaria) surgió como una respuesta y alternativa al modelo neoliberal de globalización corporativa. Tiene un carácter internacionalista, buscando aportar un marco de entendimiento y de cambio en las regulaciones internacionales en todo lo que concierne a agricultura y alimentación.

La soberanía alimentaria es, por tanto, bastante diferente de la seguridad alimentaria en cuanto a objetivos, enfoque y políticas con que se persiguen estos. La seguridad alimentaria no distingue de dónde provienen los alimentos o las condiciones en las que se producen y distribuyen. Los objetivos de la seguridad alimentaria nacional de un país determinado fácilmente podrían cumplirse (y a menudo así ocurre) mediante el abastecimiento de alimentos producidos bajo condiciones de explotación y técnicas nocivas para el medio ambiente. O mediante políticas que dañan a los productores locales de alimentos. La soberanía alimentaria enfatiza la producción, la distribución y el consumo ecológicamente adecuados y sostenibles, la justicia socioeconómica y pretende proteger los sistemas de producción locales como medios de combatir el hambre y la pobreza, garantizando la seguridad alimentaria sostenible para todas las personas.

Mientras que el concepto de seguridad alimentaria se maneja desde los años 70, el de soberanía alimentaria surge en el año 1996, durante el Foro Mundial por la Seguridad Alimentaria, un comité de planificación internacional independiente formado por organizaciones de la sociedad civil que se convocó durante la Cumbre Mundial de Alimentación organizada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO. La declaración final de este foro paralelo de las ONGs -«Alimentos para Todos, No Beneficios para unos Pocos»– se presentó en la cumbre y proponía el concepto de “soberanía alimentaria” en respuesta al término “seguridad alimentaria”, que fue el término utilizado por la mayoría de las ONGs y gobiernos que hablaban de alimentación y agricultura.

La principal diferencia que intenta establecer la soberanía alimentaria es, por tanto, de dónde vienen nuestros alimentos y cómo se producen y distribuyen y qué efecto tiene esto en la seguridad alimentaria de las personas que, en cualquier caso, debe asegurarse.

Actualmente, existen países en todo el mundo que han adoptado la soberanía alimentaria como marco político en materia de agricultura y alimentación. En 2008, Ecuador fue el primer país en reconocer la soberanía alimentaria en su constitución, por ejemplo. Como primer país en el continente europeo, la sociedad civil de Suiza está llevando actualmente a cabo un proceso para que se reconozca la soberanía alimentaria en su constitución. La soberanía alimentaria significa una transformación implícita de las relaciones fundamentales subyacentes en nuestras economías y sociedades: implica solidaridad entre pueblos en lugar de competencia y el reconocimiento de responsabilidades mutuas. Se trata de un compromiso de las personas para hacer mejor las cosas, trabajando, organizando y creando nuevas realidades de manera conjunta.

Desde Huertos Montemadrid, además de apoyar un ocio verde y saludable, inclusivo y transformador, apoyamos estas iniciativas produciendo nuestros propios alimentos saludables, fomentando el consumo propio y la producción de cercanía, originando una economía circular desvinculándonos de intermediarios innecesarios, intentando dejar la menor huella de carbono posible en todos los procesos e, incluso, colaborando con proyectos de recuperación de semilla tradicional.

©MIGUEL BERROCAL

El huerto urbano, en conclusión, es una herramienta básica en la ciudad para empezar a controlar qué comemos y de dónde viene eso que comemos.